Imagina que estás jugando fútbol.
La pelota rueda hacia ti. La pateas fuerte, con toda la fuerza que puedes. ¡Boom! De repente, la pelota se aleja de ti. La fuerza de tu patada cambió la dirección en que se movía la pelota. Una fuerza, como un empuje o un jale, puede cambiar la dirección de algo. También puede detener algo que está en movimiento.